In memoriam Dr. Teófilo M. Herrera Suárez (1924-2020)

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Recibido: 7 mayo 2020; aceptado: 12 mayo 2020

Teófilo Modesto Herrera Suárez nació en la Ciudad de México el 24 de febrero de 1924, por lo que sus estudios de la primaria y secundaria los realizó en la Ciudad de México. Ingresó en la Escuela Nacional Preparatoria Plantel Núm. 1, en el antiguo Edificio de San Idelfonso. Terminada la preparatoria, ingresó a la Facultad de Ciencias de la UNAM a estudiar Biología, obteniendo el título en 1948 con la tesis: “Contribución al conocimiento de bacterias sulfurosas y ferrosas de México”. Paralelamente a esta licenciatura, realizó la carrera de Químico Bacteriólogo y Parasitólogo en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, obteniendo el título en 1954 con el estudio: “Influencia de la temperatura durante la rehidratación de la levadura del pan seca y activa”. Su actividad docente la inició en diversas escuelas particulares y oficiales de la Ciudad de México en donde tuvo a su cargo seminarios de Biología y Antropología, y de Biología y Zootecnia. En la Facultad de Ciencias, inició sus clases de licenciatura a partir de 1952 impartiendo diversas materias como: Botánica, Bacteriología, Paleontología y Microbiología; fue en esta época que lo conocí, sus cursos siempre fueron interesantes, actualizados, los temas difíciles los explicaba muy bien. Al terminar mis estudios, decidí hacer mi tesis de licenciatura en su laboratorio (1953-1954), después decidí salir al extranjero en donde obtuve el doctorado en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Paris, Francia, y al regreso en 1967, me reincorporé al Instituto de Biología de la UNAM.

Los estudios de posgrado de tan ilustre personaje los realizó en la Facultad de Ciencias, obteniendo el grado de Maestría por examen general de conocimientos (1950) y el grado de Doctor con Mención honorífica en 1964, presentando la tesis: “Clasificación, descripción y relaciones ecológicas de Gasteromicetos del Valle de México”. Siendo estudiante, ingresó sin remuneración económica al Instituto de Biología como ayudante del Dr. Ruíz Oronoz (1942); en 1945 ya ocupó una plaza de ayudante de investigador, es en esta época que se iniciaron los primeros estudios sobre etnomicología, línea de investigación que abrió el Dr. Ruíz Oronoz con Teófilo Herrera, con los estudios de levaduras del aguamiel y del pulque, línea que persiste hasta la actualidad bajo la dirección de la Dra. Patricia Lappe, y como bien dijo el Dr. Herrera “estoy contento porque actualmente existe un panorama alentador, pues hay varias personas interesadas en la etnomicología, numerosos alumnos elaboraron y continúan sus tesis de licenciatura, maestría o doctorado”. Fue en la década de 1950 que inició la dirección de las primeras tesis de biólogos: Beatriz Gispert Monserrat, Cora Salinas Chapa (†) y Evangelina Pérez-Silva.

Perteneció a numerosas sociedades científicas nacionales como internacionales. Asistíamos en la Ciudad de México a las reuniones de la Sociedad de Fitopatología, el Dr. Teófilo Herrera con sus alumnos, en donde se presentaban mensualmente conferencias muy variadas incluyendo temas de micología. Un buen día nos comentó que sería bueno solicitar a la presidencia de la Sociedad de Fitopatología que deseaba formar la Sociedad Mexicana de Micología. Después de varias sesiones aceptaron nuestra salida, pero sentenciaron que era seguro que íbamos al fracaso. Apoyamos al Dr. con su propuesta varios investigadores y alumnos que nos interesaba la micología, entre ellos la Dra. Martha Zenteno (†), Gastón Guzmán (†), Nicolás Aguilera (†) y entre los alumnos, Celia Duvovoy (†) y la que escribe, desde el extranjero, pues mi profesor me tenía informada. La sociedad tuvo mucho éxito y gracias al apoyo que siempre le dio su fundador, el Dr. Teófilo Herrera, cumplió su objetivo de dar a conocer la micología en el país.

El Dr. Herrera tuvo la cualidad de saber coordinar su investigación en el Instituto de Biología, atendía su cátedra que impartía en la Facultad de Ciencias en la licenciatura, por las tardes se ocupaba de sus tesistas con toda la paciencia para resolver dudas, a partir de las 19 horas dejaba su laboratorio para continuar a su última cátedra del día en la Preparatoria Núm. 5 “José Vasconcelos”, en la Colonia Villa Coapa que terminaba a las 22 horas.

Empezó a publicar en 1947 e inició la recolección de hongos con su profesor el Dr. Ruíz Oronoz en el estado de Oaxaca; recolectaron de todo, levaduras, hepáticas, líquenes y hongos, material que sirvió para iniciar el herbario de macromicetos que actualmente se conoce con el nombre de “Colección Nacional de Hongos del Herbario MEXU”. Posteriormente, realizó diversas salidas a localidades del Valle de México, cercanas a la Ciudad de México, descubrió diversos géneros de Gasteromicetos que fue publicando anualmente en los Anales del Instituto de Biología, serie Botánica. Para 1963 reunió estos artículos, los ordenó taxonómica y ecológicamente para el Valle de México y constituyó así su tesis de doctorado que presentó en 1964. Continuaron las salidas al campo en otras entidades federativas del país debido a que los alumnos le traían hongos, solo que para recolectar se necesitaba tener un permiso especial para entrar a las áreas naturales protegidas y así se iniciaron las exploraciones en diversos estados como Chihuahua, Sonora y Oaxaca.

Iniciamos el estudio en las reservas en Sonora en la década de 1990, donde en el CESUES nos apoyaba con vehículo y un excelente conductor, dirigiendo estas exploraciones iba el Dr. Martín Esqueda-Valle. Con enorme sorpresa, al subir al autobús vimos que era difícil ocupar los asientos, por 2 enormes hieleras que llevaban alimentos para 10 días; cuando descendíamos del autobús para recolectar hongos, lo primero que hacía el conductor era buscar un largo bastón de madera para el Dr. Herrera; por la tarde, en un descanso mientras revisábamos y analizábamos el material, nuestro conductor se convertía en excelente cocinero todos los días y después de la cena, teníamos charlas muy amenas hasta cerca de media noche porque el Dr. nos contaba muchas historias que nos hacían reír y olvidar el cansancio de caminar y recolectar hongos por varias horas a pleno sol.

También pasamos momentos desagradables en la sierra del estado de Sonora, la que esto escribe sufrió un accidente de fractura de la muñeca derecha, tuvimos que regresar 3 horas para bajar a la ciudad de Álamos donde no encontramos ni médico, ni tampoco hospital. Nos mandaron a Navojoa, otras 2 horas de carretera, gran sorpresa me llevé al ver al Dr. Herrera que me cuidaba y ya no regresó al campo. En otra ocasión, también en Sonora, le tocó a nuestro personaje sufrir una infección intestinal tal, que lo tuvimos que internar durante una semana en el hospital, sufrí mucho porque no me animaba a notificar a su hermana mayor lo que había pasado, finalmente lo dieron de alta con la consigna de que al llegar a México debía continuar en el hospital. Afortunadamente se recuperó, decidimos que ya no podíamos continuar, primero por la lejanía y después porque el Dr. Herrera empezó a tener problemas para caminar.

Sus investigaciones contribuyeron al conocimiento de la micobiota del país con más de 170 artículos publicados en revistas arbitradas e indizadas. Libros en colaboración como: “Botánica criptogámica” con M. Ruíz Oronoz (1968), “El reino de los hongos” con M. Ulloa (1990), “Breve historia de la Botánica en México” con M. Ortega et al. (1998), “Iconografía de Macromicetos de México. I. Amanita” con E. Pérez-Silva y E. Esparza (1991), “Etnología e iconografía de hongos” con M. Ulloa (1994), “Más allá del pulque y el tepache. Las bebidas alcohólicas no destiladas indígenas de México” de Godoy et al. (2003) y “Flores que no son flores. Filatelia micológica” de E. Pérez-Silva y T. Herrera (2018). Más de 15 trabajos de divulgación: Enciclopedia de México (1970, 1980 y 1988) de mil entradas, Saberes mesoamericanos, Ciencias (1992); calendarios: Hongos, Ciba-Geigy (1988), Jardín Botánico (2000, 2003, 2005).

Durante su trayectoria académica obtuvo numerosas distinciones: el mejor promedio como pasante en la licenciatura (1950), Mención honorífica en el doctorado (1964), diplomas y medallas por labor académica de 25, 35, 40, 50 y 60 años en la UNAM, las 2 últimas, medallas de oro.

Este ilustre personaje ha sido considerado como uno de los mejores biólogos de amplia visión y experiencia en nuestro país. Fundó, junto con su profesor M. Ruíz Oronoz, el herbario que actualmente lleva el nombre de “Colección Nacional de Hongos (MEXU)”. Creó varias líneas de investigación en el estudio de los hongos, la primera fue etnomicología, estudio de levaduras del pulque y aguamiel (1945) con su maestro M. Ruíz Oronoz. La diapoteca, que en la actualidad cuenta con más de 5,000 diapositivas. Inició el estudio de hongos comestibles en colaboración con G. Guzmán (1961), línea que se ha continuado hasta la actualidad. Inició el aislamiento y cultivo de hongos con el género Psilocybe cubensis (1958), cuyos aislamientos fueron enviados a R. Singer, y la procedencia de este material es de Paso de Cortés, Estado de México (Zenteno y Herrera, Anales del Instituto de Biología, 1958). Años más tarde, personalmente experimentó el efecto de hongos alucinógenos proporcionados por María Sabina en Huautla de Jiménez, Oaxaca (1965), publicando sobre  su experiencia en la revista de Neurología – Neurocirugía y Psiquiatría (1967). Comenzó el estudio de macromicetos tóxicos (1970) en colaboración con E. Pérez-Silva y G. Guzmán, línea que continúa hasta la fecha. Con sus maestros M. Ruíz Oronoz y Faustino Miranda, y otros investigadores como Helia Bravo Hollis, se unieron en 1961 para el desarrollo integral de Jardín Botánico de la UNAM, que con motivo de los 50 años de su fundación recibió un diploma en 2019. Realizó la “Primera Exposición de Hongos” (1967), que después se continuó con las “Exposiciones Nacionales de Hongos” (1968), que se realizan cada vez que hay cambio de mesa directiva.

Le han dedicado: el Volumen 11 de la Sociedad Mexicana de Micología (1995) y el Noveno Congreso Nacional de Micología (2003), en Ensenada, Baja California. Fue Investigador Emérito (1990) de la UNAM, Investigador Emérito Nacional (2003) del SNI-Conacyt y Forjador de la Ciencia (2003), UNAM.  También se llevó a cabo la “Primera Exposición Filatélica” (2003) en el Museo de la Filatelia “MUFI” A.C. Oaxaca, en su honor. Dos Herbarios llevan su nombre, el del ITVO, Oaxaca (2003) y el de la Universidad de Aguascalientes (2003). En 2010 le dedicaron el VIII Diplomado en Micología Médica de la Facultad de Medicina, UNAM. En el XI Congreso Nacional de Micología (2015), Mérida, Yucatán, lo homenajearon por haber cumplido 50 años como fundador y Primer Presidente de la Sociedad Mexicana de Micología, que a partir de este año el nombre es Asociación Mexicana para el estudio de los hongos A.C.; se instituyó por primera vez el premio de una medalla de plata dedicada al Dr. Teófilo Herrera Suárez al primer lugar del concurso de las tesis de licenciatura, maestría y doctorado, medalla que también se le entrego a él. En el XII Congreso Nacional de Micología (2018) en Xalapa, Veracruz, se volvió a donar la medalla “Premio Dr. Teófilo Herrera Suárez 2018” al primer lugar del concurso de tesis de licenciatura, maestría y doctorado.

Entre los taxones creados, están bacterias: Chromatium ruizi Herrera (1947), Agrobacterium azotophilum Ulloa y Herrera (1972), Achromobacter pozolis Ulloa y  Herrera (1972) y Pseudomonas mexicana Fuentes, Herrera y Ulloa (1973); hongos: Battarreoides potosinus Herrera (1953), Bovista ruizii Herrera (1959),  Battarreoides diguetii (Pat. y Har.) Heim y Herrera (1961), Podocrea cornu-bovis Heim y Herrera (1961), Hansenula pozolis Herrera, Ulloa y Fuentes (1973), Candida parapsilopsis var. tuxtlensis Herrera, Ulloa y Fuentes (1973), Kloeckera corticis var. pulquensis Ulloa y Herrera (1973), Turolopsis taboadae Ulloa y Herrera (1978), Candida queretana Herrera y Ulloa (1973) y Amanita longitibiale Tullos, Pérez-Silva y Herrera (1995).

Las siguientes son especies que se le dedicaron: Bovista herrerae Kreisel (1967), Gerronema theophili Singer (1973), Crinipellis herrerae Singer (1973), Hemimycena herrerae Singer (1973), Amanita herrerae Aroche (1986), Psilocybe herrerae Guzmán (1978), Opuntia tomentosa var. herrerae Scheinvar (1981), Polyplectropus herrerai Bueno y Hamilton (1990), Phaeocollybia herrerae Bandala y Montoya (1996), Campechetrema herrerai Lamothe-Argumedo, Salgado-Maldonado y Pineda-López (1997), Phyllogloea herrerae S. Sierra et Cifuentes (1998), Russula herrerae A. Kong, A. Montoya y Estrada (2002), Crepidotus herrerae Bandala y Montoya (2008) y Lactarius herrerae Montoya, Bandala y Garay-Serr. (2014).

Teófilo Herrera, con su brillante trayectoria, honra a sus ilustres maestros los cuales todos se le adelantaron: Margarita Bravo-Hollis, Manuel Ruíz Oronoz, Eduardo Caballero, Leonila Vázquez, Rafael Martín del Campo, Helia Bravo-Hollis, Amelia Sámano Bishop y María Agustina Batalla. En el extranjero a Keneth B. Raper, Elizabeth MacCoy, Marvin J. Johnson, Joshua Lederber (Premio Nobel) y William Peterson.

Evangelina Pérez-Silva

Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México, 

Tercer Circuito s/n, Ciudad Universitaria, Coyoacán,

04510, Ciudad de México, México

psilva@ib.unam.mx